Lucrecio, mi reflejo
Lucrecio el violinista
En el fondo es un espectro de otro tiempo que pretende acompañar a aquellos a quienes el dolor atenaza. Un personaje esquivo que no se deja ver ni conocer. Se le puede observar tañendo sus melodías aciagas y tenebrosas sobre los tejados de las ciudades europeas de principios del siglo XX. Al contrario que Zanoni, el ego desatado, Lucrecio goza de un carácter vengador, siniestro y altruista que le fuerza a defender a aquellos que sufren injustamente. Espíritu de negra época, irreconciliable; muy pocos malvados hay que hayan podido mirarle a los ojos y contarlo.
El violinista es un misterio en sí mismo; misterio que algunos desean revelar, mas no será en esta tierra ni época en la que nosotros, pobres mortales, asistamos al desvelo de sus interiores. Asiste en calidad de vengador a los hechos aciagos que la maldad del hombre suscita; en contemplándole propios y ajenos, su acto musical produce el juicio de sentencia incompleta. La primera historia tendrá como protagonista a una señorita salmantina, sufridora de la mordedura de la pérdida ante un hombre brutal que arrebató la vida de su hermana y amiga, tras someterla a cruel tortura. Será una historia simple de sufrimiento injusto e impunidad intolerable, cuyo final pende de las acciones de nuestro héroe anónimo. Su ojo observa, implacable y severo, el día de la venganza.
Su alma se alimenta del dolor de los inocentes, y a ellos se dirige para solventar las cifras de la equidad. Los indefensos y desesperanzados encuentran en su fiero espíritu un aliado oscuro; un ordenador de desequilibrios.
Algunos juran haberle visto. Pocos se atreven a revelar el verdadero color de su iris.
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